Mucho se ha escuchado sobre la palabra “contrato”, pero ¿entendemos realmente su importancia en la regulación de nuestras relaciones patrimoniales o no patrimoniales?

El objetivo de este artículo es ofrecer al lector un breve repaso sobre la importancia de los contratos civiles en la regulación de sus relaciones patrimoniales o no patrimoniales en su necesidad de adquirir bienes o alguna prestación de servicios y repasar sobre la conexión que tiene con la figura del acto jurídico, resaltando sus particularidades y semejanzas.

Partimos por la frase que dice “todo contrato es un acto jurídico, pero no todo acto jurídico es un contrato” y sucede que el contrato es en efecto un acto jurídico y, por tanto, contiene los mismos elementos de existencia y validez que se requieren para éste, siendo más específicos aún, podemos afirmar que el contrato es el acto jurídico bilateral o plurilateral, por el cual las partes van a regular sus derechos patrimoniales o no patrimoniales, pero que son susceptibles de apreciación pecuniaria y en virtud de la aceptación que hace una de las partes frente a la oferta formulada por la otra.

Así mismo, el contrato es también una de las fuentes de las obligaciones más importante que la ley reconoce frente a otras, considerada así por algunos tratadistas debido a que la mayoría de las obligaciones se originan en él.

La mayor parte de nuestras relaciones interpersonales destinadas a satisfacer algún tipo de necesidad como la adquisición de bienes o alguna prestación de servicios, son regulados justamente por un contrato. En este sentido Fernando S. López de Zavalía manifiesta: “En nuestro sistema de vida, todos contratamos a diario. Según acertadamente se ha señalado, nadie escapa a la inmensa red contractual, pues aun cuando se limitara a mendigar, ya irrumpiría en el derecho de obligaciones, bajo la forma del contrato de donación. El contrato se manifiesta como el gran instrumento para la circulación de los bienes y de los servicios.” Y es que las partes pueden celebrar todo tipo de contrato desde los nominados, contenidos en nuestro Código Civil desde el artículo 1529 hasta el artículo 1949, como compraventa, arrendamiento, mutuo, locación y servicios, entre otros; hasta los innominados y atípicos, celebrados por las exigencias del mundo moderno y el devenir del tráfico comercial y mercantil, actos regulados por el derecho y que es éste el que determina y fija sus efectos generándose obligaciones que deben ser satisfechas por las partes intervinientes.

He ahí su utilidad e importancia, el contrato incide de forma directa en el desarrollo económico de las personas. Es preciso señalar que no existe economía sin contrato, todas las personas tenemos necesidades, por ende, contratamos para satisfacer nuestras necesidades, desde las más básicas hasta las más volátiles. Las operaciones contractuales son constantes, vigentes y en situaciones imperceptibles, de esta manera, el contrato y la contratación, se convierten en un hecho cotidiano, sumamente utilizado y natural a la evolución y desarrollo de la persona en todos sus aspectos.

La vida económica, observada desde el punto de vista jurídico, se revela como una serie de obligaciones que provienen de cambios y servicios, se llevan a cabo mediante acuerdos y transacciones económicas entre los sujetos en las diversas esferas patrimoniales, estableciéndose vínculos, relaciones de crédito y deuda, de dar y hacer, que tienen su origen en la voluntad de las propias partes.

Vemos que el contrato encierra una operación económica que contiene exigencias propias para cumplir eficientemente sus fines. En este sentido, la garantía a la libertad de contratación y la observancia a sus elementos de validez (compartidos con los del acto jurídico) son importantes para las relaciones patrimoniales o no patrimoniales y para el desarrollo de la economía de las personas, no solo porque el reconocimiento de esas actividades económicas constituye una manifestación de las libertades personales, sino porque desde un punto de vista económico son indispensables para el desenvolvimiento del mercado.

Yamel Ccanahuiri.
BACHILLER EN DERECHO

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